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Obesidad y depresión

 

¿Es cierto que ser obeso es una causa de depresión? ¿Hasta donde son ciertos los mitos de la belleza que relacionan los conceptos obesidad y depresión? Si fuesemos fisicamente como aspiramos a ser ¿seríamos más felices?

Fue a partir de 1960 aproximadamente cuando la medicina decidió que ser obeso no era saludable. Con este concepto se buscó indicarles a las personas como llevar una mejor calidad de vida, pero también nacieron  la industria de las dietas, la preocupación por la delgadez y la dictadura de la silueta. Las personas que sufren de desórdenes alimenticios encontraron en el concepto expuesto una solución “mágica” para todo: adelgazar.

En nuestra sociedad existe preocupación por la comida, las dietas, el talle. Se considera como ideal el cuerpo esbelto, y hay una creencia de que la gordura es mala. La delgadez, que se asocia, de algún modo, con belleza, elegancia, prestigio, juventud, aceptación social, etcétera, aparece como la solución salvadora, machacada como la clave del éxito desde todos los medios. Muchas personas suponen que una silueta de modelo – tal vez imposible para la estructura de algunos individuos- les garantizará la felicidad; ese deseo de adelgazar supone un anhelo por destacar y ser valorado de modo particular, por ser aceptado y no rechazado.

Las personas obesas ya desde su infancia suelen sufrir discriminaciones sociales,  al obeso se le atribuye la responsabilidad de su enfermedad. La obesidad está considerada como la consecuencia de un vicio y el obeso una persona que se entrega a él, es decir, se cree que el obeso es gordo porque quiere, ya que come sin control y con glotonería. Esta falta de conocimiento acerca de la obesidad y el rechazo se manifiestan de distintas formas, tanto en general como en el mundo laboral o en la moda.

Es frecuente que la dificultad para adelgazar y la discriminación y el rechazo social lleven a la persona obesa a sufrir depresión. A su vez, la presión social a la que estamos sometidos respecto a la imagen a dado lugar en los últimos años a que aumenten los casos de anorexia y bulimia, tan frecuentes en la adolescencia.

Los síntomas que nos pueden ayudar a detectar si alguien de nuestro entorno está pareciendo un trastorno de alimentación son:

  •  Disminución importante del peso.
  •  Comer a solas o evitar comer cualquier tipo de comida.
  •  Contar las calorías de los alimentos que se ingieren y pesarse con frecuencia.
  •  Cambios en el carácter relacionados con el haber comido o no.
  •  Verse «gorda» aunque haya una disminución importante de peso.
  • Encerrarse en el baño después de comer, sin que haya una causa que lo justifique.
  •  Realizar ejercicios en forma obsesiva.

 

Ante cualquiera de estas manifestaciones lo indicado es contactar con un profesional lo antes posible, con un diagnóstico y tratamiento precoz, el problema se resolverá antes y evitaremos que pueda agravarse.

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