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Hoy se medica a los niños por problemas que antes se solventaban con educación

Gustavo Dessal en el Club Información de Alicante, alerta de las trampas que encierra el mito contemporáneo de la salud. Una tendencia que se apoya en el pilar de que “todos estamos enfermos, que la salud en realidad no existe y que por lo tanto más tarde o más temprano esa enfermedad se va a manifestar”. Esto nos hace llegar a la cuestión de que hoy se medican a los niños por problemas de educación.

Usted se refiere en sus discursos al mito contemporáneo de la salud, ¿sobre qué se construye este mito?

Asistimos a una promoción creciente de la idea de hacer creer a las personas

que podemos prever las enfermedades, al punto de que lo que subyace es una

idea de inmortalidad. No hay que negar que ha habido avances importantísimos

y que la calidad de vida ha aumentado. El problema es que la salud entra

dentro de un campo que es la manipulación del mercado y bajo el paradigma

del capitalismo tardío de que a través de la salud se ejerce un control social.

El mensaje es que todos estamos enfermos, que la salud en realidad no existe

y que por lo tanto tarde o temprano la enfermedad se va a manifestar.

 ¿Ocurre lo mismo en el terreno de la salud mental?

La tendencia se invierte. Se quiere promover la idea de salud mental en un

modelo construido bajo exigencias del control social, político y productivo.

El objetivo de la psiquiatría y psicología es hacer un listado de síntomas que

demuestran que muchos sujetos se desvían de la norma y por lo tanto se justifica

la mercantilización de un medicamento al servicio de las grandes corporaciones

que se propone curar o prever esa desviación. Puede sonar a teorías

conspiratorias, pero el Ministerio de Sanidad francés impulsa un proyecto

para estudiar el mapa genético de niños y extraer indicios de lo que en un

futuro podría ser una conducta criminal.

¿Sería un estudio para controlar la mente?

No, es indagar en los niños aquellas alteraciones que en un futuro pueden dar

lugar a conductas delictivas. Avanzamos en la idea de que, con la coartada de

seguridad y estabilidad social y con el argumento de que vamos a mejorar la

calidad de vida, se va promoviendo un entorno en el que el individuo siempre

se siente en falta respecto a un modelo que se promociona. Así a todos nos

sobran kilos, no sobra colesterol… No estoy diciendo que no tengamos que

cuidarnos. Hacer ejercicio físico es bueno, pero convertirlo en una obsesión y

venderlo como garantía de algo, es una estafa.

¿Estamos sobremedicados?

Sí. En los últimos 20 años se ha descubierto que los niños son un “fabuloso”

mercado para los laboratorios. El niño es un objeto sometido a la arbitrariedad

de los adultos. Los comportamientos de toda la vida han caracterizado a los

niños: pueden ser rebeldes, caprichosos, distraídos… pero ahora todo recibe

un nombre supuestamente científico, como déficit de atención, síndrome de

rebeldía…

¿Cree que hay un objetivo detrás de esto?

A la psiquiatría le interesa que esos comportamientos que la sabiduría popular

ordenaba y la gente consideraba que se solventaban con educación o en el colegio

ahora sean problemas médicos. Si el niño es un caprichoso, hay medicinas,

también para los que no prestan atención en clase… todo va construyendo un

panorama en el que hay muchos intereses y es más eficaz desde el punto de

vista de la optimización de los recursos. Si un

profesor va a tener más niños por clase, parece que cuanto más se medique a

los que causan problemas, mejor.

¿Pero esto suena como un gran complot?

No estoy sugiriendo que haya una mente perversa que orqueste todo esto. En

todos los procesos históricos no hay una cabeza pensante que los orquesta, el

discurso provoca un efecto y los elementos se articulan unos con otros. Te pongo

un ejemplo: si eres un profesor con 25 alumnos por clase que pertenecen a

familias con problemas, por mucha vocación que tengas, si 25 se convierten en

40, aunque seas enemigo de medicarlos, al cabo de tres meses o te tiras por la

ventana o pides que les pongan la camisa de fuerza. Te conviertes en cómplice

de esta medicación. No pretendo eludir los avances científicos en materia de

salud ni la honestidad de los científicos, pero una parte importantísima de esta

honestidad está secuestrada por la industria. El Gobierno ha retirado presupuesto

a la investigación y no tardaremos en ver cómo muchos organismos de

investigación caen en intereses que condicionan esas investigaciones.

Pino Alberola

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